miércoles, 9 de agosto de 2017

A vueltas con la coedición

Hace unos años saltó a la palestra del «mundillo escritoril» el peligro de las llamadas editoriales de coedición. Supongo que todo el mundo sabrá a estas alturas de qué va el tema, pero básicamente son editoriales en apariencia normales pero que descargan los costes reales de la edición en el autor, bien pidiéndole directamente dinero para financiar la tirada, o con mayor sutileza indicándole que debe asumir unas ventas mínimas durante la presentación del libro (cincuenta, ochenta, cien ejemplares…) cuyos ingresos serán, íntegramente o en su mayor parte, para la propia editorial. Con eso ellos ya cubren gastos; de hecho esa suele ser la tirada completa de la primera edición, las subsiguientes reimpresiones serán print-on-demand o ni eso, y se limitan a obtener los beneficios que genere la edición digital.

Visto así, la verdad es que este tipo de editoriales da bastante grima, y yo personalmente no me planteo recurrir a sus servicios. Sobre todo por el tema de las ventas durante la presentación; soy un tipo asocial e impopular y difícilmente voy a vender nada con mi don de gentes. Ahora bien, transcurrido un tiempo desde aquellas polémicas, constato que las diferencias entre editoriales tradicionales y coeditoriales han ido haciéndose cada vez más difusas, y me atrevería a decir que ahora mismo apenas hay desventajas en este sistema, siempre que uno sepa dónde se mete.

Para empezar, porque las coeditoriales han espabilado y evolucionado (es lógico, compiten entre sí por el mercado del escritor ingenuo o desencantado) y hacen un trabajo más profesional; por ejemplo, cuentan con portadistas realmente capaces y recurren a imprentas de calidad. Pero si las diferencias con las editoriales tradicionales se han desdibujado es principalmente porque estas últimas han empeorado bastante (por supuesto estoy generalizando, con todo lo que ello supone). Voy a hacer, con vuestro permiso, un pequeño repaso de las críticas que se hacían habitualmente a la coedición y por qué han perdido validez:

Las coeditoriales no se preocupan por la distribución ni por la promoción de tu libro, porque tú ya has pagado los gastos y el resto les da igual. A ver, esto es verdad pero seamos sinceros, la gran mayoría de editoriales «serias» se esmeran muy poco en la promoción de los libros, salvo que seas un fabricante de bestsellers o un famosete. A lo sumo están un par de semanas con ello y luego adiós muy buenas. Y en esta época en la que la promoción principal es por la red, si quieres que tu libro siga vendiéndose o incluso que llegue a oídos de posibles lectores te vas a tener que encargar tú de todas todas.

El tema de la distribución sí es crítico, porque es un pilar fundamental para las ventas y una editorial potente contará con buenos canales para poner el libro delante de los potenciales lectores. En esto hay que dar la razón a la sabiduría popular. Pero ojo, muchas (muchísimas) editoriales medianas/pequeñas tienen una distribución muy reducida, que en la práctica no va a ser peor que la de una coeditorial, y es algo que se debe tener en cuenta. Es decir, si ya asumes que la distribución va a ser mala porque no puedes publicar con una casa potente, tu situación final no se va a diferenciar mucho tanto si optas por la edición tradicional como por la coedición (o la autoedición, dicho sea de paso).

Las coeditoriales tienen muy poco filtro, aceptan cualquier cosa. Esto también es cierto, porque su estrategia de negocio depende de sacar libros de forma continuada, pero tampoco es algo malo de por sí. Casi todas las editoriales tradicionales implementan filtros absurdos que nada tienen que ver con la calidad, como cerrar la admisión de nuevos originales pero seguir admitiendo cosas de gente que ya ha publicado con ellos, a pesar de que haya sido un fracaso, porque son colegas (con lo cual sigue llenándose su programación y se posterga aún más la apertura a nuevos autores), buscar sólo novelas sobre temas de moda (sean zombis, romance paranormal, etc.), depender de los agentes literarios (que no deja de ser subcontratar su criterio editorial) o, en el mejor de los casos, llevar un retraso de entre seis meses y un año para valorar un original. Sí, en la coedición se publica mucha basura, pero en la edición tradicional también. Y nada impide que a una coeditorial llegue una obra maestra, si a eso vamos.

Los libros que sacan las coeditoriales tienen mala pinta. No, esto ya no es así. En general se puede decir que la calidad física de los libros ha caído en barrena; no es nada raro encontrarse libros impresos en restos de papel, con mala fibra (lo veréis porque las hojas empiezan a hacer ondulaciones), tinta apestosa, etcétera, por un precio muy elevado. Una coeditorial no lo va a hacer peor, no es físicamente posible. De hecho y por lo que voy viendo, los libros de coeditoriales cada vez tienen mejor aspecto, buenas portadas y encuadernación decente. Como decía, se han puesto las pilas. Y no nos engañemos, el aspecto de un libro es muy importante para encandilar al hipotético comprador.

Y en fin, tampoco me apetece seguir con la lista (es agosto y hace mucho calor), lo que quiero dar a entender es que en el fondo no es tan diferente la edición tradicional de la coedición, sobre todo si eres un autor desconocido, y que de ambas maneras te puede salir bien o mal la aventura. Con la coedición las cosas van más rápido y no te llamas a engaño (siempre que sea una coedición honesta y no una estafa, claro), y las editoriales pequeñas tienen tantas dificultades para subsistir que cada vez descargan más tareas en el autor, desde la corrección del texto a la promoción, organizar presentaciones o incluso definir la portada. Vamos, que a fin de cuentas todo acaba pareciéndose.

Con esto no pretendo decir que la coedición sea maravillosa o la panacea para el escritor, hay mucho timador en este campo, mucho intento de explotar al autor (aún más), y reitero aquí lo que dije al principio: paso de la coedición porque no encaja con mi manera de enfocar la literatura (para eso me autoedito y santas pascuas). Pero entiendo perfectamente a quien, sabiendo dónde se mente, recurre a este sistema para sacar sus libros. Respetable y perfectamente válido.

miércoles, 26 de julio de 2017

Miran lo que leemos

Suelo leer mientras voy en transporte público, principalmente por falta de tiempo durante el resto del día y por distraerme durante el trayecto (ah, qué suerte tiene la gente que trabaja cerca de casa). Pero el otro día me pasó algo que ya me había ocurrido anteriormente, y es que siempre que leo algo «raro» (y con eso me refiero principalmente a libros que puedan parecer esotéricos o sobre temas de magia) alguien que viaje en ese momento a mi lado me acaba haciendo algún comentario sobre el libro.

A veces la portada es delatora, de acuerdo, pero otras no y está claro que han mirado el texto que estoy leyendo, lo que me lleva a pensar que siempre miran. Pero claro, cuando estás con libros más habituales, novelas de moda y demás, a nadie le llama la atención. Confieso que si veo una portada o un título que me parezca interesante puede que busque luego información en la red, pero es muy raro que mire por encima del hombro para ver el texto, la verdad. Y lo que no he hecho nunca es empezar a hacerle comentarios a un desconocido sobre sus lecturas. Será que soy muy tímido.

No sé muy bien cómo reaccionar en estos casos, porque muchas veces estoy leyendo libros que no son de temas que me apasionen, o que no puedo recomendar realmente porque me parecen mediocres, y mi interlocutor parece esperar que me encanten esas cosas. Son situaciones un tanto incómodas, en particular con mi escaso don de gentes.

Y ahora que caigo en esto, me pregunto qué habrán pensado cuando llevo otro tipo de libros, digamos con portadas macabras (cosa tan habitual en los libros de terror) o de muy mala fama (estoy pensando en cuando leía en el metro cosas del Marqués de Sade, por ejemplo). Qué imagen se habrá hecho la gente de mí .

Igual por eso hay quien forra sus libros con papeles de periódico, para que no les den la lata, y no por protegerlos como suponía yo. Pero como no te tapes con la mano como cuando no queríamos que nos copiaran en el cole, no sé cómo te vas a librar de las miradas indiscretas…

Nota: Las fotografías que ilustran este artículo forman parte de una serie de bromas con falsas portadas que el cómico Scott Rogowsky llevó a cabo en el metro de Nueva York.

sábado, 8 de julio de 2017

Reflexiones desde Fontenebra

Se cumple ahora un año desde la publicación de La Fuente de las Tinieblas, y en el mundo del mercado literario eso es una eternidad. Por suerte la distribución ha funcionado bien y el libro ha estado presente en tiendas al menos hasta navidad (que como ya imagináis es una época muy importante para las ventas), y confío en que siga disponible para los lectores interesados durante bastante tiempo aún. Pero el caso es que empieza a ir tocando pasar página y extraer lecciones de lo que se ha hecho bien y lo que podía haberse hecho mejor. Las comparto por si pueden seros de utilidad en vuestra propia carrera literaria («carrera», que palabra tan estresante, ¿no?).

Una de las decisiones que más complicaciones trajo, como ya comenté en su momento, fue la de centrar todos los relatos en una población, Fontenebra, que está descrita deliberadamente de forma muy genérica pero que muestra unos rasgos específicos, básicamente de degeneración suburbana, en un entorno claramente actual o muy próximo a la actualidad. Fue esta una restricción que me obligó a prescindir de unos cuantos relatos que no encajaban en ese entorno, lo que a su vez conllevó que el proyecto se retrasara más de lo previsto, pero se ha revelado como una buena idea. De este modo la antología cobra coherencia, los relatos se ayudan entre sí dando lugar a una especie de sinergia metaliterario. Estoy convencido de que, de haberse publicado de forma individual, por ejemplo en antologías colectivas, estos relatos no habrían causado ni de lejos el mismo efecto en los lectores (lo cual llevaría a otras reflexiones necesarias sobre la absurda fiebre de lass antologías colectivas, pero no es esta la ocasión apropiada).

Lo que ya no tengo tan claro es que dejar Fontenebra tan difuminada haya sido lo más acertado o no. Por un lado yo no quería que mi población se convirtiera en una especie de Arkham, donde cada casa oculta un terrible secreto y cada caminante es un monstruo disfrazado; me parecía que de ese modo todo perdería credibilidad. Pero por otro, parece que los lectores prefieren, en su mayoría, tener algo concreto que imaginar y donde ambientar sus propias historias (por cierto que ya hay varias partidas de rol inspiradas por La Fuente de las Tinieblas, como Sangre Nueva). Quizá incluso hubiese merecido la mena relacionar con más fuerza las historias entre sí. A este respecto, y aunque ando últimamente muy parado por culpa de la vida, estoy colaborando con Tillinghast (los que frecuentéis Leyenda.net ya sabéis bien de quién se trata) para preparar un breve documento, una especie de «Secretos de Fontenebra», donde se explique la historia y situación actual de esta población ficticia, como ayuda para los aficionados. A ver si en unos meses puede ver la luz.

Volviendo al libro, muchos lectores (yo diría que todos) han acogido con entusiasmo la presencia de las «notas desde Fontenebra» donde explico un poco el origen y los objetivos de cada relato. No entiendo por qué no se hace más a menudo esto en las antologías, en lugar de tanta «biografía de los autores» que no interesa a nadie. En cuanto a las ilustraciones interiores, están muy bien pero no me da la impresión de que hayan triunfado, porque no se ve fácilmente que forman una especie de escena animada. Si era por llegar a las 300 páginas (número mágico al parecer), hubiese bastado con tocar la maquetación y hacer la letra un poco más grande, facilitando al mismo tiempo la lectura (porque estaremos de acuerdo en que 100.000 palabras dan de sobra para eso).

Y entro ya en dos aspectos editoriales que han sido fundamentales, como ya preveía: portada y distribución. Son cosas que en la edición tradicional quedan fuera de las manos del autor, y sin embargo marcan el sino del libro. La portada, y en general el aspecto exterior del tomo, da confianza al posible comprador. Al fin y al cabo le estoy pidiendo a la gente que se gaste casi 20€ en mi antología; lo mínimo es que al cogerlo parezca «un libro de verdad». Tapa dura, ilustración atractiva, buen papel… Cuenta mucho.

En cuanto a la distribución, es básico, aunque penséis que los tiempos han cambiado. Que el libro esté en tiendas físicas (y bien a la vista), que el distribuidor sea conocido y se mueva con diligencia cuando hay pedidos, que enseguida se reponga en plataformas online como Amazon, o que se le haga un hueco en las ferias del libro, es muy importante. Y eso a pesar de que la promoción no ha sido precisamente brillante, contradiciendo los dogmas de la «literatura 2.0». Para que veáis que no hay que fiarse de todo lo que se dice por ahí.

En todo eso he tenido mucha suerte con Edge y las empresas que trabajan con ellos. Me da pena pensar que si saco alguna vez otro libro (que lo dudo), con casi total seguridad no contará con un apoyo comparable a ese nivel y por lo tanto llegará a mucho menos público. En fin, c'est la vie, lo que cuenta es haber llegado hasta aquí. Feliz cumpleaños, Fontenebra .

La fuente de las tinieblas, Aitor Solar.
Edge Entertainment, 2016. 315 págs, 19.95€.